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El Rendimiento Máximo se Entrena

El rendimiento máximo se entrena

Una de las características más frecuentes que nos encontramos  las personas, es la facilidad con la que nos justificamos no rendir al máximo, por eso no llegamos a alcanzar las metas que nos proponemos.

Tenemos una conversación interna que nos auto justifica mil excusas para no hacer lo que de verdad podemos hacer.

En otras ocasiones he comentado que el cerebro es un ecosistema muy ecológico, de esta manera cuando nosotros hacemos algo a un ritmo determinado, nuestro cerebro toma buena nota y cuando la acción se repite un número de veces consecutivas, pone en automático dicho proceso.

Esto pasa en el deporte, el trabajo, en la escuela, y en cualquier ámbito de nuestra vida, si cuando nos ponemos a emprender cualquiera de estas acciones lo hacemos muy pausados o muy lentos, esta será la forma en que terminaremos haciéndolo, muy lento o con poca energía.

el rendimiento maximo se entrena
el rendimiento máximo se entrena

Para obtener resultados de alto rendimiento debemos de hacer siempre un poco más de de lo que nos resulta cómodo, para habituar a nuestro cerebro a ese ritmo o trabajo.

Si entrenamos en un deporte a una media del 60% de lo que podemos hacer el resultado en competición será un poco superior pero nunca llegará a ser un 100%.

Pasa lo mismo en cualquiera de los ámbitos de nuestra vida, si lo hacemos a un 60% estaremos dejando de rendir un 40%. Y esto es una gran estafa que nos hacemos a nosotros mismos.

La próxima que emprendas cualquier acción pregúntate si estás haciendo el máximo posible, si no es así, empieza a plantearte qué persona quieres ser.

El rendimiento máximo se entrena, seguramente no alcancemos llegar a ser un Nadal, pero sí que podemos esforzarnos al máximo para no defraudarnos a nosotros mismos y llegar mucho más lejos de lo que habíamos imaginado.

Es una manera de verlo, estoy seguro que tú que estas leyendo esto tienes alguna sugerencia que pude aportar otro punto de vista, compártelo y todos podremos aprender.

Francisco Beltrán

@beltranortin

Solamente destacaremos, si pagamos el precio

rendir al maximo
rendir al maximo

Javi amigo Judoka me comentaba que conoció a la campeona olímpica  de Judo la cubana Ynais Ortiz, me explicó como se fabricaba a un oro olímpico. Según la observación de mi amigo Javi, el entrenador de la cubana comentó como entrenaba su atleta 6 sesiones de 8h a la semana para hacer posible este resultado, había que sumarle la actitud de entrega de la judoka, ya que gracias a ella su familia puede vivir sin apreturas. Con esta introducción me surgen varias peguntas; ¿Por qué solo unos pocos como ella son los que llegan?, ¿Cuál es la gran diferencia del que llega?, estas y muchas más son las preguntas que nos hacemos. Pero otra sería ¿cuál es el precio que hay que pagar para poder conseguir una meta de igual nivel? y ¿Cuántos estamos dispuestos a pagar el precio, en el ámbito que nos queramos desarrollar?

Hay que tener en cuenta que no solo es la dedicación a la tarea lo que nos hará excelentes o mejores en el desempeño, influye el talento innato de cada uno. Cuando confluye, el talento, la dedicación, el esfuerzo supremo y la perseverancia, podemos llegar a conseguir lo que nos hemos propuesto. Pero no nos engañemos, conseguir ser el nº 1 no solo depende de nosotros, hay un innumerable nº de personas que aspiran a ese mismo lugar. Por lo tanto nuestro objetivo debe de ser llegar a lo mejor que podamos ser, dando importancia al esfuerzo y menos al resultado.

Cuando hacemos algo al límite de nuestras posibilidades es cuando alcanzamos la meta principal, hacer el máximo de nuestra capacidad. Eso solo se consigue si cada día nos esforzamos un poco más que la vez anterior, nos implicamos más, no caemos en el desanimo sea el resultado que sea, seguimos y no buscamos EXCUSAS para abandonar.

Hay una experiencia que he vivido y de la que estoy convencido; Solo de las derrotas y los fallos, podemos aprender, está en nosotros tomar la decisión de hacerlo, o no hacerlo. O buscar el pretexto para no seguir intentándolo.  El éxito muchas veces esconde nuestras debilidades, y puede ser un obstáculo para avanzar.

Puedo decir que de esto sé un poco, abandoné una actividad, en la que tenía un talento especial, con la excusa de que otros eran los culpables de que no consiguiera mi meta, pero el tiempo me ha enseñado que fui yo el que tiró la toalla y no pago el precio, era más cómodo no asumir la responsabilidad.

Esta reflexión puede atribuirse a cualquier ámbito de nuestra vida; trabajo, familia, deporte, estudios. ¿Cuánto tiempo vamos a seguir poniendo excusas? ¿Cuándo empezaremos a trabajar por nuestro objetivo? ¿Estaremos dispuestos a pagar el precio?…

Por lo tanto la próxima vez que decidas no seguir luchando por algo, piensa muy bien de quien depende esa decisión, porque lo más seguro es que solo dependa de ti.

Si no sabes cómo seguir, tienes una consulta gratis a través de mi web, por skype o mail, te ayudaré a  encontrar la motivación necesaria para seguir luchando.

Francisco Beltrán Ortín

Yo soy – una excusa para no avanzar

Yo soy – una excusa para no avanzar

yo soy
yo soy

Vivimos en una sociedad que nos ha inculcado unos valores que ahora se está viendo no son lo buenos que deberían de ser. Nos alimentaron con la creencia que las cosas las hace uno solo, hasta la sabiduría popular hasta el refranero; Mejor solo que mal acompañado. Si le quitamos la palabra -mal-, que nos queda.

Hemos vivido varias décadas, compitiendo, si compartir, si cooperar, sin trabajo de equipo y ahora estamos pagando el precio de esos valores que nos han acompañado durante nuestra vida. Utilizando otro refrán; Nunca es tarde de la dicha es buena. Empezar a ver que esto es un cambio de mentalidad, que el cambio tiene que venir de dentro, y que si no empezamos a ver las posibilidades que están ahí, no avanzaremos. Yo soy… debe de dejar de limitarnos y empezar a ver otros caminos que hasta ahora no nos atrevíamos a emprender. Es hora de empezar a reinventarse y tener la mente abierta.

Ahora sé que con práctica y una buena guía se puede aprender  casi de  todo, quizás no lleguemos a  ser un Goya, Mozart, Jordan, Nadal…, pero sí podremos tener una práctica medio buena. Cuando utilizamos la combinación de ¡YO SOY! (abogado, químico, albañil, zapatero, aburrido, torpe con las matemáticas, tímido, desastre …) alimentamos y justificamos no crecer, esforzarnos por hacer algo que en un momento nos dijeron o aprendimos que éramos o dejábamos de ser. Escondernos detrás de una mascara que nos justifica ciertos tipos de comportamiento o falta de acción. No importa si fueron tus padres, el maestro, tus amigos, tu propia experiencia, la edad, tu jefe, tendremos que asumir que nosotros decidimos como queremos ser, y que las opiniones de otros no tienen la mínima importancia. Empezaremos a ser independientes,  porque lo  que decidamos sea solo porque queremos hacerlo,  no por nuestra historia o porque es lo que quieren otros. Toda persona tiene todo lo necesario para ser lo que se proponga ser.

En palabras de  DR. W. W. Dyer;

 Cambiemos el ¡Yo Soy! por; <<Hasta ahora había decidió comportarme así….>> o <<Yo acostumbraba  a etiquetarme así…>>.

No existe algo que pueda llamarse naturaleza humana. La frase está diseñada para clasificar a personas e inventar excusas. Tú eres el producto de tus elecciones y del  <Yo Soy>  que tanto cuidas.

Esto es una reflexión personal,  toda persona ha vivido situaciones similares, ¿cuál ha sido la tuya? Compártela en comentarios

Francisco Beltrán Ortín