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Descubre el amuleto de la buena vida

En post anteriores hice referencia al autoconocimiento, esta reflexión sobre nosotros nos puede dar una idea de qué es lo que queremos ser en nuestra vida, y hacia dónde dirigirnos.

La persona más importante en tu vida eres tú mismo, por eso debes conocerte, todo lo referente a tu vida te concierne a ti, tu salud, tu felicidad, tu éxito, o tus decepciones. Todos tenemos en nuestro interior llamémosle un amuleto, que dependiendo la cara que utilice obtendremos un resultado u otro. Solo tú puedes decidir qué cara quieres usar, la cara positiva o la negativa.

Nuestra mente posee un poder que nos asustaría tener conciencia de él. Es tan poderosa que puede conseguir aquello que nosotros elijamos, funciona en ambos sentidos, si elegimos tener una buena vida y ver todo por lo que vale la pena vivir, lo conseguiremos tarde o temprano, pero si elegimos la parte negativa, esto lo conseguimos mucho más rápido de lo que pensamos. No debemos subestimar la fuerza que tiene una actitud negativa, es tan poderosa que apartará de nosotros la BUENA SUERTE.

Cuando me refiero a la Buena Suerte, es como la describe Carlos Rovira en su primer libro, “la Buena Suerte”. Está contada en versión cuento y se hace muy ameno leerlo, ya que a la mayoría nos gustan los cuentos, en este relato habla de la diferencia entre Suerte y la Buena Suerte; La suerte es efímera e igual que vino desaparece, es una casualidad, la Buena Suerte es perdurable en el tiempo y se debe a las acciones que hace uno mismo; resumiendo, la Suerte es una casualidad, la Buena Suerte perdura en el tiempo, ya que es una actitud que te ha llevado a ello.

Sabemos que la vida no es un camino de rosas, y que nadie regala nada, pero con la actitud correcta podremos superar cuantos obstáculos nos pongan para tener la vida que queremos.

Una frase de Wody Allen me hizo reflexionar  y dice algó así –Me a costado 10 años tener éxito de la noche a la mañana– esto viene a decir, que cuando una persona se sacrifica y trabaja para conseguir un fin determinado, siempre hay personas que lo atribuyen a la casualidad y no al trabajo duro y la perseverancia. Les es fácil degradar con un comentario sarcástico sobre la situación de cualquiera que haya conseguido éxito, porque ellos son incapaces de afrontar cualquier reto en su vida. Así que cuando te encuentres alguno de estos sujetos, solo tienes que pensar que lo hacen por propia frustración, eligieron la cara negativa y nos les gusta que los demás estén viviendo con la cara positiva.

Para acabar diría,  aparta de tu vida todas esas personas que te absorben energía, intenta estar el mínimo tiempo con ellas, notarás que cada día estas mucho mejor y con más energía. Siguiendo esto estarás en el camino de conseguir una Buena Vida.

Francisco Beltrán Ortín

“Te Quiero Hijo”

Estos son mis pensamientos mientras conduzco y llevo a mi hijo a la escuela:

Buenos días, hijo. Estás muy guapo con tu equipo de basquet, no tan gordo como tu viejo cuando él jugaba en la liga del colegio. No creo haber llevado nunca el pelo tan largo hasta que entré en la universidad, pero seguro que, de todas maneras, te reconocería: un poquito desaliñado cerca de las orejas, arrastrando los pies, con las rodilleras arrugadas… Nos vamos acostumbrando el uno al otro…

Ahora que tienes ocho años me doy cuenta de que ya no te veo tanto como antes. El Día de la Carnaval saliste de casa a las nueve de la mañana. A la hora de comer te vi durante cuarenta y dos segundos, y reapareciste a las cinco para merendar. Te echo de menos, pero sé que hay asuntos serios que te tienen ocupado. Seguramente tan serios como las cosas que van haciendo por el camino los demás viajeros, quizá incluso más importantes.

Tú tienes que crecer y madurar, eso es más importante que preocuparme por la hipoteca, preparar la faena o pasar la vida discutiendo con los compañeros de trabajo. Tienes que aprender qué eres y qué no eres capaz de hacer… y, además, aprender a vivir con tus particularidades. Tienes que llegar a conocer a la gente y saber cómo se comportan cuando no están satisfechos consigo mismos… como los aprendices de matón que se instalan en el patio del colegio para fastidiar a los más pequeños. También tendrás que aprender a fingir que los insultos no te importan. Te importarán siempre, pero aprenderás a disimularlo para que la próxima vez no te digan cosas peores. Lo único que espero es que te acuerdes de cómo se siente uno en ese caso, por si alguna vez tú te decides a hostigar a algún niño más pequeño.

¿Cuándo fue la última vez que te dije que estaba orgulloso de ti? Sospecho que, si no puedo recordarlo, tengo que ponerme al día en la tarea. Recuerdo la última vez que te grité (fue para advertirte que llegarías tarde a la escuela si no te dabas prisa), pero en resumidas cuentas, como solía decir Nixon*, no has recibido de mí tantas palmadas afectuosas como gritos. Para que tomes nota, en caso que leas esto, estoy orgulloso de ti. Me gusta especialmente tu independencia, la manera que tienes de cuidarte sin ayuda,aunque a mí a veces me dé un poco de miedo. Nunca has sido un llorón y eso te convierte en un chico muy especial, según mis normas.

¿Por qué será que a los padres nos cuesta tanto darnos cuenta de que un niño de ocho años necesita tantos abrazos como uno de cuatro? Si yo mismo no me controlo, pronto estaré cogiéndote del brazo y diciéndote:,«¿Qué te cuentas, chaval?», en vez de abrazarte y decirte cuánto te quiero. La vida es demasiado corta para andar disimulando el afecto. ¿Por qué a los niños de ocho años os cuesta tanto daros cuenta de que quienes tenemos treinta y seis necesitamos tantos abrazos como un chiquillo de cuatro?.

No sé si me acordé de decirte que estoy orgulloso de que vuelvas a comerte la comida que te prepara tu madre, después de haber pasado una semana comiendo esos indigeribles bocadillos de salchicha del comedor de la escuela. Me alegro de que valores y respetes tu cuerpo.

Ojalá el trayecto no fuera tan corto… quería hablarte de lo que pasó

anoche… cuando tu hermano menor ya dormía y dejamos que te quedaras levantado para ver el partido de fútbol del Atlético. Ésos son momentos muy especiales y no hay manera de planearlos por anticipado. Cada vez que proyectamos hacer algo juntos, no sale tan bien ni es tan interesante o tan afectuoso. Durante unos pocos minutos, demasiado cortos, fue como si ya fueras un adulto y estuviéramos sentados charlando, pero sin ninguna pregunta de ésas de cómo te va en la escuela. Yo ya habla verificado tus deberes de matemáticas de la única forma que puedo… con una calculadora. Tú eres mucho mejor que yo con los números. Estuvimos hablando del partido y tú sabías más que yo de los jugadores, así que estuve aprendiendo de ti. Y cuando el Atlético venció, los dos estábamos encantados.

Bueno, ahí está el guardia urbano. Probablemente vivirá más que todos nosotros. Ojalá no tuvieras que ir hoy a la escuela. Hay tantas cosas que quisiera decirte…

Sales del coche tan rápidamente. Yo quisiera saborear el momento, pero tú ya has divisado a un par de amigos tuyos.

Lo único que quería decirte es que te quiero…

Texto adaptado por Francisco Beltrán extraído del libro “Sopa de pollo para el alma” el original pertenece a Victor B. Millar.

* Presiente de EEUU

Este vídeo  como la mayoría de los que tengo expuestos son recomendados en el blog de David Berruezo