La estafa que se hace a si mismo el joven o el adolescente.

Muchos padres viven en un continuo clima de crispación en las relaciones con sus hijos, por la falta de interés que estos tienen por sus estudios. Con la excusa de la famosa frase que he oído a muchos padres “Yo no tuve nada, y no quiero que a mis hijos les falte de nada”, esto hace que los hijos vayan creciendo sin ningún tipo de límites,  los convierte en pequeños dictadores dentro del hogar, o personas inadaptadas en el centro escolar. La falta de respeto al profesor es un síntoma claro de esta situación, lo peor de todo es que no se respetan a si mismos, al no ver la oportunidad que se les brinda de poder formarse y prepararse para el futuro.

Estafa a la familia y a si mismo al no cumplir con su trabajo, que como resultado será no obtener el título que le hará falta para trabajar y abrirse camino en un futuro, se estafa porque se le escaparán oportunidades por no estar formado. El conocimiento no le garantiza la riqueza material, lo que sí le garantiza es tener posibilidades que no obtendría de otra forma. Esta semana he conocido a un joven que ya ha empezado a sufrir esta falta en sus carnes, quiere presentarse a bombero, pero carece de titulo de secundaria, en un libro leí que a esto se le llama la “Disciplina de la realidad”, en su momento por causas que seguramente se le escapan, no realizó lo que debía de hacer, y ahora la realidad lo ha puesto en su sitio. Se está dando cuenta que los títulos abren posibilidades que no te imaginaba con anterioridad.

Si buscásemos responsables no resulta tan sencillo, por un lado está la familia, por otro el centro escolar,  los profesores, la administración, y el joven. Todos forman un circulo que influyen sobre las conductas no deseadas de los jóvenes.

Saber escuchar sería el primer paso para poder mantener una relación a cualquier nivel, ponerse en el lugar de la otra persona sería un segundo paso, porque en un buen numero de casos la cuestión es la falta de comunicación entre las partes implicadas. Como señala Solé I. (1996) en un momento donde la educación es tan importante, la colaboración padres y profesores se hace más necesaria, las dos partes se encuentran más solos y más perplejos en ahondar en su función educativa. Los padres deben de tomar la iniciativa para formar parte del desarrollo de todas las acciones educativas que afectan a sus hijos.

Terminando concluiría que también necesitamos que la administración ponga medios adecuados, que forme a los profesores en nuevas estrategias didácticas. Es un momento donde tenemos un acceso a la información nunca visto. Ahora tendremos que poner las estrategias necesarias para que esa información llegue donde tiene que llegar.

Francisco Beltrán

Os dejo este vídeo para cambiar la cara.

¿Nos podemos permitir el lujo de no contar con los “Abuelos”?

una pareja de abuelos con su nieta besando al abuelo en la mejilla
Abuelos y nietos

La mayoría de los padres de hoy tenemos la suerte de tener a nuestros padres todavía con nosotros. Nos echan una mano cuando lo necesitamos, pero no siempre lo agradecemos como deberíamos. Creemos que lo tienen que hacer casi por obligación, sin pararnos a pensar porque lo hacen. El vinculo y la necesidad de una relación más intensa con los abuelos sirve de guía para el desarrollo de nuestros hijos:

Abuelos y niños tienen en común un deseo; Disfrutar de la libertad. Son libres por diversos motivos; los niños no son capaces de recelos y preocupaciones futuras. Los abuelos no se sienten responsables de educar, sólo desean que sus nietos sean felices, porque así lo son ellos mismos. Desean comprender al niño y se ponen fácilmente en su lugar, crean una relación intensa desde el punto de vista afectivo y educativo.
Los padres no tenemos que temer que maleduquen a nuestros hijos. Actualmente los abuelos están preparados culturalmente, y la serenidad que les proporcionan los años los convierte en seres privilegiados.
Su misión es estar incondicionalmente al lado del nieto en cada etapa de la infancia. El niño sólo si tiene cubiertas las necesidades físicas y afectivas será feliz, y tendrá abierto un amplio canal de posibilidades. El nieto es feliz por sentirse querido y acompañado, el abuelo lo es porque se siente útil, los padres deben de facilitar esa relación beneficiosa para toda la familia.
Sólo aprendemos a ser hijos, después de ser padres, y a ser padres después de ser abuelos… parece que: solo aprendemos cuando se nos ha pasado la ocasión.
Aprender de los mayores nos hace personas más maduras, flexibles, pacientes…, en fin nos hace mejores personas.
Francisco Beltrán

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