Mi hija adolescente y yo


Para todo padre tener hijas es una experiencia maravillosa, desde muy pequeñas te tienen cogida la medida, y consiguen casi todo lo que quieren, para eso es la nena del papa. Ahora mi hija es una adolescente y me vienen recuerdos de mi adolescencia y no dejo de pensar por lo que le toca todavía pasar. Es el momento donde la autoestima es más vulnerable, debido a su edad adolescente cualquier hecho de relativa poca importancia, se puede convertir en algo serio.

Esta etapa de la vida lleva consigo una revolución hormonal que hace que tenga cambios de carácter bastante ambivalentes, igual está cariñosa que irascible y enojada, esto no deja de ser un reto para mí como padre y no dejarme influir demasiado por esos arrebatos que se escapan a mi comprensión. Alguien podría tildarme de corto, pero la teoría es solo eso teoría, ponerlo en práctica es el verdadero reto, somos seres emocionales y como tal necesitamos entrenamiento en esas habilidades que no te lleven a ponerte a su altura, y con empatía y cariño  intentar entender a esa persona que se está forjando en su camino hacia la madurez.

Ahora están buscando su propio yo pensando; primero será una tarea fácil y segundo que  van a encontrar la respuesta perfecta. Lo que no saben es que con cuarenta y tantos muchas personas como yo también siguen en un proceso de cambio continuo. La vida nos va sorprendiendo día a día y nos deja perplejos cualquier miércoles, no avisa, solo sorprende, y para eso no estamos preparados. Por mucho que nos digan, la vida hay que seguir viviéndola y esperar que el mañana nos coja lo mejor preparados posible.

Volviendo a mi rol de padre solo puedo decir que a nadie nos han preparado para esto, y que lo mejor que podemos hacer es compartir con otras  personas nuestros problemas, ya que son  problemas comunes a todos.

El gran obstáculo que no nos deja ver, somos nosotros mismos, queremos seguir tratando a nuestros hijos/as como niños/as, cuando ya son personas que empiezan a pensar por sí mismas. Y en el caso de las hijas es mucho más prematuro que en los varones.

La manera más efectiva de llegar a una convivencia dentro de un orden, es negociando con ellas/os y hablando sobre sus intereses, mostrando interés sincero y en lo posible ser capaces de ponernos en su sitio (empatía). Es una etapa muy difícil por ese motivo no deben de cerrarse los canales de comunicación y no llegar a guerras de poder que lo único que hacen es romper las relaciones. Si no somos capaces de poder negociar, estaremos dejando que nuestros sentimientos le ganen la batalla a nuestro intelecto. Si somos capaces de llegar a acuerdos lograremos que nuestros hijos sean unas personas con una autoestima mucho más estable y sólida, al ver un lugar de apoyo en su vida donde se sienten comprendidas/os.

No debemos olvidar que a nadie se le recordó por estar más horas en el trabajo, nuestros hijos solo quieren que les prestemos parte de nuestro tiempo, compartir actividades y aficiones juntos es una manera de fortalecer las relaciones de nuestra familia, y para eso nos hace falta dedicarle tiempo.

Francisco Beltrán Ortín

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