La autoestima es una necesidad psicológica básica. La autoestima es estar dispuestos a ser conscientes de que somos capaces de ser competentes para enfrentarnos a los desafíos de la vida y de que somos merecedores de la felicidad. Esto está compuesto por dos ideas básicas:
a) Autoeficacia, es decir confianza en nuestra capacidad de pensar, aprender, elegir y tomar las decisiones adecuadas.
b) Autorespeto, es decir, confianza en nosotros y en nuestro derecho a ser felices. Los desafíos de la vida incluyen aspectos tan fundamentales como ser capaz de ganarse la vida, cuidar de uno mismo, ser competente en las relaciones con los demás, tener resistencia que nos permita recuperarnos de la adversidad, y perseverar en nuestras aspiraciones.
La autoestima refleja “el juicio que cada uno hace acerca de su habilidad para enfrentar los desafíos de su vida (para comprender y superar sus problemas) y acerca de su derecho a ser feliz tal y como es (respetar y defender sus intereses y necesidades). Tener una alta autoestima es sentirse confiadamente apto para la vida, es decir, capacitado y valioso. Tener una autoestima baja es sentirse inepto para la vida; desacertado, no con respecto a esto o aquello, sino desacertado como persona. Tener autoestima poco definida, es vacilar entre sentirse apto e inepto, y manifestar estas disconformidades en la conducta –actuar a veces con sensatez, a veces tontamente-, reforzando con ello la inseguridad.
Desarrollar la autoestima es desarrollar la convicción de que uno es competente para vivir y digno de ser quien quiere ser, y por lo tanto equivale a enfrentar la vida con mayor confianza, generosidad y optimismo, lo que nos ayuda a alcanzar nuestras metas y experimentar la integridad.
Desarrollar la autoestima es ampliar nuestra capacidad de ser felices. Cuando apreciamos la verdadera naturaleza de la autoestima, vemos que no es competitiva ni comparativa. Todo esta dentro, somos los verdaderos participes del cambio. El cambio sobreviene no cuando esperamos que cambie algo o alguien, cambia cuando cambiamos nosotros, a partir de ese instante todo cambia.
Esta cita me parece de lo más motivante;
“Aquel que se ama a sí mismo no tiene rival alguno” Benjamín Franklin.
Francisco Beltrán Ortín