¿ERES comunicador o solo emisor?

Se habla mucho de comunicación ya sea en casa en el trabajo o donde quiera que nos encontremos, necesitamos comunicarnos para poder desenvolvernos en nuestra vida. Comunicarse no es hablar y escuchar necesita de atención y comprensión.
Estamos en un periodo que se está perdiendo el contacto directo entre personas, artefactos que han invadido nuestra vida, ocupan un lugar preferencial en las relaciones que tenemos con los demás, perdiéndose el trato personal (SMS, MAIL, CHAT, BLOG…), estos nuevos medios aunque tienen su misión, no deberían suplir al contacto humano.
La comunicación no puede dejar paso a la prisa o el estrés, poco podremos comunicarnos si no encontramos el tiempo necesario para hacerlo.
Los mensajes siempre tienen varias interpretaciones, el que emite el mensaje tiene una intención con el mismo, pero el que lo recibe, seguramente hará su propia interpretación. Debemos asegurarnos de que lo que queremos transmitir es lo que al final se recibe, haciendo preguntas, aclararemos lo que ha recibido el interlocutor y qué es lo que queríamos transmitir. De esta forma podremos evitar en un alto porcentaje de las habituales malas interpretaciones.

Otra forma de acercarnos a la comunicación es, ESCUCHAR con atención lo que el otro te quiere decir e intentar comprender su punto de vista sin juzgar, ni criticar. Cada persona tiene su forma de ver el mundo, si podemos esforzarnos por comprender a los otros, si somos capaces de poder exponer sus ideas completamente, es cuando podremos intentar ser comprendidos.
Uno de los graves problemas en la comunicación, es la falta de base cultural. Sin vocabulario no puedo expresar lo que siento, sin vocabulario no entiendo lo que leo, sin vocabulario no comprendo lo que los demás me dicen. Leer a diario es el priemer paso, aunque sea las revistas del corazón, de deportes o el periódico, pueden aportar cierto vocabulario para poder desenvolverse a diario.
La mayoría de las separaciones de pareja, de sociedades, de partidos políticos… es debida a una falta de comunicación. Al final las dos partes dicen que el otro no los entiende, pero la cuestión es que ninguno se tomó la molestia de entender a la otra parte, y buscar una tercera alternativa, que sería infinitamente mejor que cualquiera de las que causaron la ruptura.
Concluyendo, una buena comunicación pasa por encontrar el tiempo necesario, escuchar con atención, teniendo en cuenta los sentimientos del otro, aceptar sin juzgar, antes comprender para luego ser comprendido, manejar con soltura el vocabulario para expresar nuestros pensamientos, y por último buscar la tercera opción, siempre será mejor que una ruptura.
Francisco Beltrán Ortín


